Charla de Michael Dobbs
por Miguel Troncoso Castro

La gran expansión, el surgimiento de las nebulosas, la explosión de las supernovas y la formación de la corteza terrestre, son parte del periplo que Michael Dobbs, académico de la Universidad de Santiago, realizó para explicar la formación del universo y nuestro planeta.
Varias veces he presenciado esta conferencia, en el marco de “Crónicas de la Vida Antigua”, y jamás he agotado del todo la riqueza de información que es capaz de desplegarse en esta charla, ya imperdible.
En este viaje que comenzó sorteando los recovecos de nuestra nueva casa, la Biblioteca de Santiago, llegamos a la Sala de Conferencias que se encuentra en el 2º piso, acomodándonos, los más rezagados sentados en la escalera, para presenciar el inicio del universo, e imaginar con ayuda de nuestra abstracción, edades, condiciones fÃsicas ajenas a nosotros y tiempos que no alcanzan a ser tangenciales a nuestra experiencia. En fracciones de segundos ya los ingredientes del universo ardÃan para dar inicio al juego de la fÃsica: las nebulosas parÃan estrellas y algunas de ellas, antes de eclipsar frÃas, explotaban en la forma de una supernova para formar los átomos más pesados y que nos hacen posibles, pues no es un cliché decir que “somos polvo de estrellas“.

La Geosfera, nuestra madre que conocemos por Tierra, es un conjunto de elementos en constante movimiento. La corteza es apenas una capa delgada que envuelve al magma basáltico sólido y al núcleo externo lÃquido. Todo se mueve, por más que no lo percibamos. Por ello es posible que las placas tectónicas se desplacen, en un ciclo que desgarra al continente Pangea, para luego fundirlos nuevamente en un nuevo abrazo, que toma 500 Millones de años aproximadamente.

Son cifras y tiempos que superan lo inteligible. El surgimiento de la vida y los primeros fósiles empequeñecen con los datos de esta charla. Frente a lo imponente del universo y del planeta, no queda más que dar paso a la humildad: no somos capaces de aprehender tanto conocimiento en el poco tiempo que disponemos, por eso no es perogrullo inclinarse ante los niños para que continúen la tarea. Esta es la mejor lección que nos dio Michael Dobbs: ser un cientÃfico que no muere asfixiado por las alturas de la vanguardia en ciencia, quien se hace de tiempo (que ya sabemos escaso), voluntad e histrionismo, para compartir su conocimiento con el resto: basta ver como estuvo dispuesto a responder las dudas de quienes al final se le acercaron.
Es de agradecer esta actitud, como es de agradecer también la alta concurrencia a las charlas de “Crónicas de la Vida Antigua”. Es de esperar que este ciclo vaya en ascenso. Ahora volvemos al Auditorio y luego se viene el Simposio de Darwin. En este otro viaje esperamos, como la Tierra, sumar masa. Masa para crear cultura en conjunto. Masa para divulgar el conocimiento a otros y por qué no, generar conocimiento nuevo.

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